Petro, Gaza y el desvío de prioridades

 ✍️ Opinión | Petro, Gaza y el desvío de prioridades


La crisis humanitaria en Gaza ha conmocionado al mundo entero. Millones de personas expresan solidaridad con las víctimas y piden un alto al fuego. Hasta aquí, no hay nada reprochable: la tragedia merece atención internacional. Lo cuestionable es cuando un conflicto ajeno se convierte en herramienta política interna, y eso es exactamente lo que ocurre hoy en Colombia bajo la voz del presidente Gustavo Petro.


El mandatario ha hecho de Gaza uno de sus principales caballos de batalla discursivos, denunciando a Israel y acusando a Estados Unidos de ser cómplice de un genocidio. En sus palabras, la narrativa es clara: opresores contra oprimidos, un esquema maniqueo que encaja perfectamente en su visión histórica de la política. El problema es que esta postura no solo simplifica un conflicto sumamente complejo, sino que compromete seriamente la diplomacia y las prioridades del país.


Un discurso ideologizado y personalista


Petro habla de Gaza con fuerza, pero rara vez muestra el mismo énfasis frente a las masacres de líderes sociales, el desplazamiento interno o la violencia que azota regiones enteras de Colombia. Hay una contradicción evidente: solidaridad internacional, pero silencio selectivo en casa.


Además, su postura no surge de una política de Estado construida con la Cancillería o el Congreso, sino de impulsos personales y publicaciones en redes sociales. La política exterior se ha convertido en una extensión de su X-diplomacia, lo que resta seriedad y proyecta a Colombia como un país errático y dependiente del temperamento presidencial.


Costos diplomáticos reales


Las consecuencias no se han hecho esperar. La revocación de la visa estadounidense a Petro es un hecho sin precedentes en la historia reciente de Colombia y evidencia el deterioro de la relación con el principal socio estratégico del país. A esto se suma el enfriamiento de los lazos con Israel, una nación con la que Colombia mantenía vínculos importantes en defensa y cooperación tecnológica.


¿Vale la pena comprometer décadas de relaciones internacionales por un discurso ideológico? La respuesta parece ser secundaria para un presidente que prefiere la confrontación a la diplomacia.


Distracción frente a la realidad nacional


Mientras tanto, Colombia enfrenta una deuda pública que asfixia el presupuesto, una inflación que castiga a los más pobres, un desempleo que, aunque ha bajado, sigue golpeando con fuerza a las mujeres y a los jóvenes, y un crecimiento económico débil. Sin embargo, el presidente concentra su energía en un conflicto que ocurre a miles de kilómetros de distancia.


El resultado es claro: Gaza se convierte en cortina de humo, un escenario simbólico que desvía la atención de los problemas internos y le permite a Petro mantener vivo el relato de “lucha contra el imperio” que alimenta a su base política.


El riesgo de importar conflictos ajenos


Lo más grave es que esta narrativa empieza a permear la campaña electoral colombiana. Gaza, un territorio lejano, se discute hoy en debates políticos y plazas públicas como si se tratara de un asunto doméstico. Se importan divisiones externas y se profundiza la polarización interna, en un país que ya sufre una fractura política profunda.


Conclusión


La tragedia en Gaza exige humanidad y solidaridad, pero convertirla en bandera política nacional es un error. Petro, en lugar de consolidar a Colombia como un actor equilibrado y mediador, la proyecta como un país atrapado en discursos ideológicos y dispuesto a sacrificar sus intereses estratégicos en nombre de un relato personal.


En el fondo, lo que se esconde es la vieja estrategia de desviar la mirada: mientras el país enfrenta sus propias crisis, el presidente prefiere pelear guerras ajenas en el escenario internacional. Gaza se ha transformado en el espejo perfecto para Petro: refleja su visión del mundo, pero también su incapacidad para gobernar mirando de frente los problemas reales de Colombia.


Olga Roni

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