🐖 La Lechona que se Comió a Japón

 


🐖 La Lechona que se Comió a Japón


En Colombia ya lo sabíamos: la lechona es invencible. Puede vencer al colesterol, al veganismo militante y hasta a la dieta keto. Pero lo que no imaginábamos es que un día la lechona tolimense iba a conquistar a Japón… y de paso a toda la galaxia.


La noticia llegó gracias al presidente Gustavo Petro, quien en su visita a la Expo Osaka 2025, escribió en X que al pabellón de Colombia habían entrado 1.300.000 millones de personas y que se habían vendido 10 millones de toneladas de lechona. En ese momento, todos entendimos que las matemáticas también son un campo del realismo mágico.


A ver: Japón tiene unos 123 millones de habitantes. Con las cifras de Petro, eso significa que cada japonés visitó el estand colombiano más de diez veces, llevó a su familia, a sus vecinos, a unos ninjas jubilados y, para completar, a los extraterrestres de la saga de Star Wars. Y la lechona… ¡ay, la lechona! Diez millones de toneladas equivalen a llenar estadios enteros con marranos rellenos, cubrir el Monte Fuji con pellejito crocante y convertir el Océano Pacífico en un sancocho de arroz, garbanzo y cuero dorado. Si eso fuera cierto, Japón estaría hoy parado sobre un chicharrón gigante en lugar de una isla.


La Expo Osaka estaba pensada para hablar de biodiversidad, innovación y negocios internacionales. Pero Colombia siempre innova: mientras otros países mostraban robots de última tecnología, nosotros ofrecimos marrano relleno. Porque no hay nada más globalizado que un plato que incluye arroz, carne, arveja, cebolla, especias, cuero crocante y, por supuesto, discurso presidencial. De hecho, uno puede imaginar la reunión del comité organizador:

– “Señores, Alemania traerá autos eléctricos, Corea del Sur chips de última generación… ¿y Colombia?”

– “Nosotros llevamos una lechona de diez millones de toneladas. ¿Algún problema?”


Las redes sociales hicieron lo que saben hacer: destrozar con humor. “Diez millones de toneladas de lechona… ya no necesitamos exportar petróleo, solo marranos.” “Con esas cifras, la feria tuvo más público que todos los conciertos de Bad Bunny juntos.” “Petro descubrió la primera lechona cuántica: está en Japón, en Ibagué y en otra dimensión al mismo tiempo.” La propia inteligencia artificial de X se vio obligada a corregir, cual profesor de matemáticas con regla en mano: en realidad, el estand recibía unas 3.000 visitas diarias. Pero ¿qué más da? Si Macondo sobrevivió a la peste del insomnio, Osaka puede sobrevivir a la lechona infinita.


El asunto es que la lechona terminó siendo más famosa que el café, las artesanías o el discurso oficial. Mientras Japón presumía de precisión y disciplina, Colombia mostró su mayor fortaleza: la improvisación matemática y el relleno abundante. En el fondo, la comparación es justa: la política colombiana y la lechona son la misma cosa. Ambas llevan relleno de todo tipo. Ambas se sirven con cucharón. Ambas producen indigestión.


Al final, la Expo Osaka quedará en la historia no por los tratados firmados ni por los negocios cerrados, sino por el día en que Colombia presentó al mundo su invención más revolucionaria: la lechona intergaláctica, capaz de desafiar las matemáticas, la física y el sentido común. Porque si algo quedó claro es que en este país no contamos los votos ni las visitas con calculadora: aquí contamos con fe, con optimismo y, sobre todo, con cuchara. Y sí, puede que Japón tenga robots, pero Colombia tiene algo más poderoso: un Excel presidencial que convierte cualquier cifra en poesía… y una lechona que, como la política, nunca se acaba aunque todos repitan.

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