Hezbollah en Venezuela y la región andina: convergencias entre ideología, crimen y política
Hezbollah en Venezuela y la región andina: convergencias entre ideología, crimen y política
1) Chávez, Irán y Hezbollah: los cimientos del vínculo
Desde los primeros años del chavismo (1999–2013), Caracas cultivó una alianza estratégica con Teherán que abrió las puertas a contactos con Hezbollah. Entre 2007 y 2010 operó el vuelo Caracas–Damasco–Teherán, conocido como el “aeroterror”, reservado para funcionarios y con nula fiscalización. Diversos informes de prensa e inteligencia lo señalaron como canal para mover dinero, mercancías ilícitas y personal asociado a Irán y Hezbollah.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos designó en 2008 a dos venezolanos—Ghazi Nasr al-Din, exdiplomático en Siria y Líbano, y Fawzi Kan’an, empresario—como facilitadores financieros y logísticos de Hezbollah. Estas sanciones dieron sustento formal a la narrativa de que Caracas servía de plataforma de apoyo a este grupo libanés.
Think tanks y analistas concluyen que Venezuela funcionó, desde Chávez, como un “hub” de convergencia entre crimen organizado transnacional y redes vinculadas a Irán y Hezbollah.
2) La advertencia de Alberto Nisman
El fiscal argentino Alberto Nisman, encargado del caso AMIA, advirtió reiteradamente sobre la construcción de una infraestructura de Hezbollah en América Latina. Según sus investigaciones, Venezuela era uno de los epicentros de esa red, gracias a sus vínculos con Irán y a los vuelos Caracas–Teherán. Nisman sostenía que el país se había convertido en un santuario de apoyo logístico y documental, lo que planteaba un riesgo regional.
3) El “Cartel de los Soles” y las rutas de la cocaína
El llamado “Cartel de los Soles” no es un cartel clásico, sino un entramado de oficiales de las fuerzas armadas venezolanas que aprovechan su posición para controlar, proteger y lucrarse del tráfico de cocaína proveniente de Colombia. Desde 2010, Venezuela se consolidó como corredor clave para el envío de cocaína hacia el Caribe, África Occidental y Europa.
Diversas investigaciones ubican a estados como Zulia, Apure y Táchira como corredores fundamentales, además de puertos y aeropuertos bajo control militar. Las sanciones estadounidenses contra altos funcionarios —como Tareck El Aissami, acusado de narcotráfico— son ilustrativas del grado de penetración institucional de estas economías ilícitas.
En este entorno, la convergencia con redes como Hezbollah se ha dado principalmente en lavado de dinero y financiamiento ilícito.
4) Hezbollah y el narcolavado: de Colombia a Venezuela
Hezbollah ha operado en América Latina sobre todo en recaudación de fondos y lavado de dinero, no en operaciones militares directas. Casos como la Operación Titán (2008) revelaron que redes libanesas ligadas al grupo utilizaban el narcotráfico colombiano y sistemas de cambio paralelo para blanquear recursos.
La DEA documentó cómo organizaciones criminales colombianas, como La Oficina de Envigado, interactuaban con facilitadores financieros vinculados a Hezbollah. Este fenómeno se basó en la diáspora libanesa, las redes comerciales y la porosidad de los sistemas financieros regionales.
5) Hezbollah en Colombia: presencia discreta pero estratégica
Colombia declaró a Hezbollah como grupo terrorista en 2019–2020, siguiendo a países como Argentina y Paraguay. La principal preocupación ha sido el lavado de activos y contrabando en zonas fronterizas y portuarias, más que la existencia de células armadas numerosas.
Los puntos señalados incluyen la Guajira, el Caribe y pasos de frontera con Venezuela, donde operan contrabandistas y redes de financiamiento ilícito.
6) Gustavo Petro: ambigüedades y percepciones
El gobierno de Gustavo Petro (2022–) ha agregado un nuevo elemento al debate sobre Hezbollah en la región. Aunque no existen pruebas de vínculos operativos directos, sus posturas públicas y diplomáticas han generado controversia:
Declaraciones sobre Nasrallah: en septiembre de 2024, Petro lamentó públicamente la muerte de Hassan Nasrallah, líder de Hezbollah, calificándolo como un “clérigo líder e inteligente”. Esto fue interpretado por sectores de oposición como una muestra de simpatía hacia un grupo terrorista.
Ruptura con Israel: en 2024 suspendió relaciones comerciales con Israel, acusando a su gobierno de genocidio, lo que fue leído como un alineamiento indirecto con posiciones pro-Hezbollah y pro-Hamas.
Relación con Venezuela: Petro ha estrechado cooperación con Nicolás Maduro en temas fronterizos y de seguridad. Este acercamiento, aunque enfocado en el ELN y la estabilidad bilateral, podría abrir un ambiente de tolerancia en el que actores externos, como Hezbollah, encuentren menos resistencia.
Percepción ideológica: analistas y columnistas críticos han asociado a Petro con la corriente de izquierda latinoamericana que muestra afinidad ideológica con actores islámicos radicales, situando a Colombia dentro de un entramado regional que históricamente ha servido para el financiamiento y apoyo logístico de Hezbollah.
En síntesis, Petro no aparece como actor operativo dentro de la red Hezbollah, pero sus gestos políticos y diplomáticos han alimentado la percepción de ambigüedad y de posible simpatía ideológica. Esa ambigüedad refuerza el discurso de quienes advierten sobre un “entorno facilitador” en América Latina.
7) Conclusión
La presencia de Hezbollah en Venezuela, cimentada durante la era de Hugo Chávez, se inserta en un complejo mosaico de crimen organizado, narcotráfico y geopolítica. El “Cartel de los Soles” y las rutas de la cocaína desde Colombia proveen un contexto de rentas ilícitas que Hezbollah ha sabido aprovechar, principalmente mediante el financiamiento y el lavado.
El fiscal Alberto Nisman ya había advertido de estas dinámicas, señalando la centralidad venezolana en la estrategia iraní. Bajo Nicolás Maduro, estas redes se han mantenido activas, y con Gustavo Petro, aunque sin pruebas de coordinación directa, el discurso y las decisiones diplomáticas han generado un clima político percibido por críticos como más tolerante hacia la presencia de Hezbollah en la región.
La región andina sigue siendo un punto donde se cruzan el crimen organizado, la política y las agendas de actores internacionales que usan América Latina como plataforma de operaciones financieras y logísticas.
Olga

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